Paseo por las salinas

Amanecer de enero de 2012. Esa mañana me decido a visitar una salina (ya abandonada) que había oído nombrar alguna vez, pero que no había tenido la oportuniad de visitar: la salada de Mediana. El lugar no es de una belleza espectacular, pero destila una extraña atracción… a pesar del frío.

Frío que no me impide disfrutar del paisaje simple y sereno. Allí parado a orilla de la salina, quieto, con el único sonido del aire rozando las abrigadas orejas, con las manos enfundadas en guantes, la cámara colgando del cuello, y el sol intentando calentarme la cara, paradójicamente, se siente lo mismo que cuando estás sentado al calor de un fuego de chimenea con algo caliente que beber: una paz interior, y exterior, difícilmente explicable.