George Méliès en el Caixaforum.

Visita a la exposición sobre Georges Méliès en el Caixaforum de Zaragoza.

 

 

  

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La cena en blanco

El parque Grande, la plaza de La Torre Nueva, el Puente de Hierro, la plaza de Los Sitios, la plaza de La Seo y esta última, la plaza de San Cayetano. Son los lugares donde Zaragoza ha celebrado su “cena en blanco”, un evento “clandestino” cuyo origen está en el París de 1988 de la mano de François Pasquier.

Se trata de un evento al que solo se puede acudir previa invitación de alguno de los asistentes, y que, año a año, aumenta su número de participantes.

La “celebración” pretende dar la bienvenida al verano, pero con una liturgia muy concreta: ir vestido de blanco. llevar tu propia mesa de comensales, con los motivos lo más blanco posible, llevar tu propia cena y, después de acabar, dejar todo igual o mejor de lo que estaba. Y todo esto, sin conocer el lugar hasta unos minutos antes. Un desconcierto mágico.

Así que, si alguna noche de finales de junio, paseando por las calles de Zaragoza, te topas con una cuadrilla de locos “blancos” preparando un picnic en medio de la calle…no te asustes. Es la cena en blanco. Un espectáculo.

 

 

    

Planeta en positivo

Animado por la reseña que Carlos Carreter hace en el blog de FeZ a propósito de la exposición del centro de Historias de Zaragoza “Planeta en positivo”,  me he animado a visitarla, junto con la de Gervasio Sanchez en el Pablo Serrano (de la que ya publicaré algo) este domingo por la mañana que he disfrutado, como hacía días.

Como reza su texto de presentación: “Se trata de una exposición de fotografía participativa que abre una ventana a las diferentes realidades del mundo y presenta la fotografía no solo como un fin, sino como un medio para la ruptura de barreras sociales y culturales. Una herramienta que  fomenta la capacidad expresiva y creativa y que resulta didáctica en todo tipo de entornos”

 

Entre las imágenes de la exposición, unas que me resultan familiares: las de Ana Palacios, fotógrafa comprometida, gran persona y, desde entonces, admirada amiga, a la que, en su día, tuve la oportunidad de hacer una entrevista para el blog de FeZ, con el que colaboro.

Tras admirar las fotografías de los fotógrafos que han colaborado con este proyecto internacional y leer sus presentaciones, se pasa al “espacio cripta” donde descubrimos las fotografías realizadas por los niños objeto de este proyecto y que verderamente merece la pena ver.

La exposición, organiza por  la sociedad municipal Zaragoza cultural y el Grupo Deep Focus, estará hasta el 25 de enero para poder ser visitada.

Un barrio obrero

Hace algún tiempo mi querido amigo Miguel Rubira me propuso un recorrido fotográfico por mi barrio, el barrio Delicias. La asociación vecinal organizaba un photowalk y no me lo podía perder.  Fue una mañana enriquecedora, recorriendo este barrio de Zaragoza, de origen, y presente, eminentemente obrero.

En la actualidad el barrio Delicias es un barrio multiétnico. Conviven multitud de nacionalidades en sus calles, con los pros y los contras que ello conlleva. En calles como la de Delicias, comercial donde las haya, el ir y venir de personas es constante. Unos de compras, otros de paseo, algunos de paso, de charla…

 

El barrio, como he dicho,  es mayoritariamente de clase obrera, ya desde sus inicios, allá por los primero años del siglo XX. El crecimiento de la industria metalúrgica (entre otras, la famosa fundición Averly, tan de moda hoy por tristes motivos) y la proliferación de la industria que manipulaba la remolacha, atrajo multitud de obreros que se instalaron en esta zona de Zaragoza,  casi despoblada en aquellos años. El barrio creció a ambos lados de la entonces carretera de Madrid, hoy avenida Madrid.

Desde entonces y hasta ahora, el barrio ha crecido en cantidad y también en calidad. El  cambio de sus calles con el paso de los años, ha traido también una serie de dotaciones en forma de infraestructuras de todo tipo: calles peatonales, parques, centros cívicos, teatros, escuelas… además de la natural modernización de sus infraestructuras viales.

 

   

Seguramente no será el mejor barrio del mundo, pero, desde luego, es un barrio en donde el día a día se vive con ese sabor que solo dan los sitios en donde la convivencia de muchas nacionalidades distintas, crea una riqueza cultural difícil de lograr de otra forma.

La leyenda del arco del Deán

El otro día, casi sin querer, me encontré leyendo una historia de, seguramente, uno de los rincones más fotografiados de nuestra Zaragoza: el arco del Deán.

Cuenta una leyenda, desconocida para mí:

 “En el año del señor de 1293, Pascasio de Gormaz, Prior o deán del cabildo catedralicio, deseoso de conseguir un acceso directo que le privara de la insana y peligrosa necesidad de tener que cruzar la calle y, por tanto, arriesgarse a tener que cruzar palabra alguna con cualquier paisano, , estaba empeñado en la construcción de un pasillo que uniera los dos únicos sitios en los que quería vivir: la residencia del Deán y la catedral de San Salvador.

Ante las reticencias que los jurados de la ciudad, con Pelegrín de Alfocea a la cabeza, ponían y la demora que este hecho creaba para conseguir su ansiado pasaje y viendo que no daban solución a su empeño, víctima de su ofuscación y abandonando su alma a la ira, encomendó tal misión al mismísimo lucifer. Como es natural, dada su naturaleza malévola, el diablo accedió a tal petición con una sola condición: el alma de todo aquel prójimo que pasase por debajo del pasaje.

Fuere o no fuere acordado el asunto, el arco que sustenta el pasillo que une ambos edificios está allí. Nadie sabe la cantidad de almas que por debajo han pasado. Tal vez solo el diablo lleve la cuenta…”

No soy creyente de este tipo de historias, pero tengo que reconocer que a partir de hoy, cada vez que pase por las cercanías de este lugar, no podré evitar la extraña sensación de que alguien puede llevar la cuenta de la gente que pasa por debajo de este bello rincón de Zaragoza.

Exposición de Jose Girl. “Misfits”

La fotógrafa José Girl  expone estos días en la sala Bantierra (calle Canfranc 12). José Girl (en realidad Josefa Gómez) es natural de Zaragoza, aunque actualmente reside en Los Angeles, junto con su esposo, el cantante Enrique Bumbury.

La mayor parte de su trabajo fotográfico gira en torno al mundo de la música y en este breve muestra, demasiado breve,  descubrimos gente con carisma, con mucha “vida vivida” y despreocupados de la que les queda por vivir. Retratos en blanco y negro, con fuerza, recios, duros. Genios. Misfits. Inadaptados.

Más de José Gilr en su página web

Detalles del recuerdo

La noche de los farolillos.

Viernes 15 de noviembre de 2013. Un grupo de 25 “locos” amigos de FeZ,  y de la mano de Gozarte,  se juntan para hacer una visita al cementerio de Zaragoza. Noche fría,  caras sonrosadas y todo el abrigo del que se dispone. Pero la cámara en la mano.

   

Acompañados con la única luz que desprenden los farolillos que se repartieron, además de la de nuestros flashes,  nos adentramos en el cementerio con Carlos Millán de cicerone, entre historias de la muerte y sus rituales a lo largo de la historia. Nos descubre el por qué de determinadas costumbres y nos sumerge en el mundo imaginario de sus simbología.  Cuenta de disputas de familias pudientes, de historias de toreros,  de encargos monumentales. Salpica su discurso con anécdotas, chascarrillos e incluso nos canta alguna jota y copla.

    

Una noche de frío que nos deja un buen sabor de boca. Muchas gracias a Carlos Millán de Gozarte por hacernos la visita tan agradable.